Congresistas en Brasil
Álvaro Pinto Cárdenas (08.03.2007)
Mi padre dice que en el Congreso hay personas que no merecen estar allí, y que no están aquellas que sí debieran participar. Mi respuesta es sencilla… son las cosas de nuestra democracia.
Y digo nuestra democracia porque las personas que llegan ahí son elegidas por los votantes de nuestro país. Claro está, las consecuencias de obligar -por medio de la ley- a escoger representantes, tienen un precio. Alto o bajo, pero tienen un precio.
Personalmente, no es que haya algo de criticable, en beber licor, asistir a espectáculos nocturnos -culturales, musicales o eróticos- o a acceder a los servicios sexuales; pues buena parte de sus electores también lo hace. Tal vez, sea el hecho de que muchos de los electores se equivocan cuando eligen a un político, creyendo que eligen a un modelo de vida o a un “padre/madre de la patria”. En todo caso, es el momento de poner los pies en la tierra y dejar de pensar que cuando se elige a un político, éste se santifica. Por otro lado, lo que sí es INACEPTABLE, es que los contribuyentes sean obligados a pagar las facturas de la diversión de cualquier político elegido o servidor público, por el concepto de viáticos. Si desean pasarla bien, adelante, pero con su dinero.
No deja de ser interesante hacer el ejercicio mental de imaginar que tipo de decisiones tomarían aquellos votantes -en un sistema de voto voluntario- al momento de escoger a sus preferidos. Quizás muchos de los que voten, estén realmente interesados en hacer llegar a su candidato. Quizás tengan razones o motivaciones suficientes para ello. Quizás estos que participaron con su voto, puedan equivocarse. Quizás aquellos que no votaron se sientan afectados y comiencen a comprender las consecuencias de su indiferencia. Quizás, sólo quizás.
Y digo nuestra democracia porque las personas que llegan ahí son elegidas por los votantes de nuestro país. Claro está, las consecuencias de obligar -por medio de la ley- a escoger representantes, tienen un precio. Alto o bajo, pero tienen un precio.
Personalmente, no es que haya algo de criticable, en beber licor, asistir a espectáculos nocturnos -culturales, musicales o eróticos- o a acceder a los servicios sexuales; pues buena parte de sus electores también lo hace. Tal vez, sea el hecho de que muchos de los electores se equivocan cuando eligen a un político, creyendo que eligen a un modelo de vida o a un “padre/madre de la patria”. En todo caso, es el momento de poner los pies en la tierra y dejar de pensar que cuando se elige a un político, éste se santifica. Por otro lado, lo que sí es INACEPTABLE, es que los contribuyentes sean obligados a pagar las facturas de la diversión de cualquier político elegido o servidor público, por el concepto de viáticos. Si desean pasarla bien, adelante, pero con su dinero.
No deja de ser interesante hacer el ejercicio mental de imaginar que tipo de decisiones tomarían aquellos votantes -en un sistema de voto voluntario- al momento de escoger a sus preferidos. Quizás muchos de los que voten, estén realmente interesados en hacer llegar a su candidato. Quizás tengan razones o motivaciones suficientes para ello. Quizás estos que participaron con su voto, puedan equivocarse. Quizás aquellos que no votaron se sientan afectados y comiencen a comprender las consecuencias de su indiferencia. Quizás, sólo quizás.
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